Hablemos de la morcilla: encuestas y redes sociales en esta elección

En tiempos de redes sociales las encuestas se cocinan, se reparten y se consumen al aire libre. Lo que estamos viendo es una receta de desinformación a varias manos.

3 de noviembre de 2019 

Álvaro Gómez decía que las encuestas son como las morcillas: “muy sabrosas hasta que uno sabe cómo las hacen”. Si Gómez viviera hoy –cuando precisamente se cumple un aniversario más de su magnicidio– estaría indigestado. En tiempos de redes sociales las encuestas se cocinan, se reparten y se consumen al aire libre. 

En los días siguientes a las elecciones regionales, la conversación política en Twitter estuvo previsiblemente dominada por las encuestas. Como explicó La Silla Vacía, una vez más las mediciones fallaron. En Bogotá, a pesar de que el resultado se mantuvo dentro de los márgenes de error de varias encuestadoras, ninguna había puesto a Claudia López en la punta. En Medellín tampoco le atinaron al ganador, e incluso algunas le habían dado a Alfredo Ramos una cómoda ventaja de diez o más puntos.

Tuits entre septiembre y octubre alrededor de los siguientes términos: encuestas, encuesta, encuestadores, encuestadoras, sondeos, sondeo o intención de voto. El pico de conversación se dio a pocos días de las elecciones.

En ese contexto, Twitter se convirtió en el espacio de quejas, reclamos y cuentas de cobro. Según el monitoreo de la Sala de Democracia Digital de Linterna Verde*, “fracaso” y “de bolsillo” fueron los adjetivos más dominantes entre los más de 50 mil mensajes que se publicaron sobre el tema entre el 27 y 29 de octubre. 

Voces con gran capacidad de amplificación –como Daniel Coronell, Félix de Bedout y Julio Sánchez Cristo– movieron la tendencia con críticas directas:

Fuente: Twitter / @fdbedout Fuente: Twitter / @DCoronell

En medio de esos señalamientos, el martes pasado los representantes de algunas firmas encuestadoras se reunieron en un foro en la Universidad del Rosario para hablar de los resultados. “Los encuestadores damos la cara” –dijo César Caballero–. “Debemos cambiar la conversación: las encuestas no predicen el futuro, ¡alimentan el debate!”.

La pregunta es cuál debate alimentan. Lo que vimos en Twitter fue más bien una difusión frenética de encuestas, mediciones aparentemente cocinadas desde las propias candidaturas y sondeos que parecían homenajes. El problema no son solamente las encuestadoras y las encuestas. Lo que estamos viendo es una receta de desinformación a varias manos. 

La estrategia de Colombia Humana

Las desconfianza en las instituciones y el fraude electoral son elementos comunes en el discurso político de Gustavo Petro. En la campaña presidencial del año pasado afirmó que había un fraude en su contra, y llegó a insinuar que desconocería el resultado de la segunda vuelta. En esta oportunidad, se enfocó en las “viejas encuestadoras”. 

Tanto Petro como el senador Gustavo Bolívar criticaron la metodología de algunas encuestas mientras cuestionaban la independencia de los encuestadores. Para los líderes de la Colombia Humana, estos actores debilitaban deliberadamente a Hollman Morris.

Fuente: Twitter / @petrogustavo Fuente: Twitter / @GustavoBolivar

Pero no solo las encuestadoras tradicionales estaban engañando a la gente. Según Colombia Humana, había otras mediciones –desconocidas pero confiables– donde sí se reflejaba la verdadera intención de voto de Hollman Morris. Como si se tratara de una campaña de expectativa, el 19 de septiembre Gustavo Petro anunció una “encuesta independiente”, con el “más bajo margen de error”, que daba como ganador a su candidato. Después compartió otras más con resultados similares, en medio de cuestionamientos y críticas de periodistas y analistas.

Fuente: Twitter / @petrogustavo Fuente: Twitter / @petrogustavo

En esos términos, Colombia Humana intentó dominar la conversación sobre encuestas en la recta final de la campaña. De los 10 tuits con más retuits sobre el tema, seis son de Gustavo Petro, Gustavo Bolívar y Hollman Morris. No obstante, es muy posible que esta amplificación haya sido el resultado de acciones coordinadas dentro del movimiento –con lo cual, a pesar de la cantidad de retuits, los mensajes se concentraron en la burbuja del petrismo–.

Nota. Top 10 de tuits con más retuits con los parámetros de búsqueda sobre encuestas.

El último tuit de Gustavo Petro sobre encuestas fue el 25 de octubre. Dos días después, Hollman Morris quedó en el tercer lugar con el 14% de los votos. “¿Alguna explicación sobre las encuestas tan desacertadas que publicó usted?”, le preguntó un usuario en Twitter a Petro. A la fecha, no ha habido respuesta.

Mi candidato va a ganar

Además de las encuestas, otra medición que inundó Twitter fueron los sondeos de usuarios. El viernes previo a las elecciones, Linterna Verde detectó al menos 2.000 interacciones (tuits y retuits) vinculadas a encuestas nativas de la plataforma. El Top 10 de estas publicaciones alcanzó 57 mil votos, que en total se acercaron a las seis millones de impresiones. 

Miguel Uribe Turbay tuvo mucha visibilidad en este tipo de sondeos. Simpatizantes de su candidatura hacían la encuesta que les confirmaba –oh, sorpresa– la fuerza de su candidato. Como medición, la herramienta era inútil: indicaba un acción coordinada a favor de la campaña o, en el mejor de los casos, evidenciaba una burbuja de homogeneidad de los usuarios que votaban. 

No obstante, difundir estos resultados masivamente hacían parte de un esfuerzo para combatir la teoría del voto útil –que, según Uribe Turbay, las propias encuestadoras estaban promoviendo–. Tal era el caso de sitios como Los Irreverentes, que desde su militancia política con disfraz periodístico usaban estas mediciones como una estrategia de persuasión. 

Y si no eran seguidores de un candidato o medios al servicio de una línea política, los propios influenciadores hacían su encuesta. Con un megáfono a su disposición, tanto la votación como los resultados que compartían estos usuarios entraban en juego en la discusión.

Las mediciones informales en Twitter no son equiparables a las encuestas y, en general, los ciudadanos entienden la diferencia entre unas y otras. Sin embargo, en un entorno desprovisto de matices y contexto como son las redes sociales, estas cifras terminan alimentando el afán de la gente de entender y cuantificar la realidad en términos absolutos. 

Si a eso se le suma la coyuntura del debate electoral –apasionado y desordenado por naturaleza– las encuestas se convierten en un elemento adicional de desinformación. La inundación de datos genera desconfianza: el ciudadano opta por no creer en nada de lo que ve, o se aferra a ese número que confirma su interpretación de la realidad. 

Los medios de comunicación tampoco suelen ofrecer una carta de navegación para atravesar estas aguas. Cada uno cuenta con una encuestadora aliada, y sus números no se ofrecen como criterio de orientación sino noticia de última hora. El porcentaje es la noticia. La carrera de caballos es el hecho y debe ser tendencia. Y si esta competencia es insuficiente, también es posible votar por preguntas y ganadores de debates –fue lo que hizo, por ejemplo, RCN Televisión–. 

Según ColombiaCheck, las encuestas falsas fueron el elemento más destacado que detectaron en las cadenas de Whatsapp durante esta campaña. Este hecho no sorprende, pero sí pone de presente la complejidad del problema: las encuestadoras son apenas un ingrediente de la morcilla. Medios de comunicación, políticos y ciudadanos también son los chefs de este plato.

*La Sala de Democracia Digital es un proyecto de la Diretoria de Analisis de Politicas Publicas de la Fundação Getulio Vargas – FGV DAPP de Brasil en asocio con Linterna Verde con el objetivo de monitorear y analizar conversaciones digitales en la coyuntura electoral. 

Esta investigación la lideró Cristina Vélez con el apoyo de Esteban Villa-Turek y fue publicada en La Silla Vacía.

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