Cómo pueden prepararse las organizaciones de la sociedad civil para mitigar el impacto de la desinformación

2 de septiembre de 2021

La pandemia de COVID-19 ha dejado claro que la desinformación en línea es uno de los problemas más urgentes que enfrentan nuestras sociedades. Si bien la “infodemia” —como la llamó la Organización Mundial para la Salud— que hemos vivido durante el último año y medio ha estado centrada en temas médicos, los contenidos falsos o engañosos pueden afectar muchos otros temas que interesan a las organizaciones de la sociedad civil.

En esta entrada analizaremos algunas estrategias que estas organizaciones pueden adoptar con el fin de prepararse para el impacto de una posible campaña de desinformación que afecte sus intereses particulares. Aunque ninguno de estos acercamientos puede garantizar que la desinformación no prosperará afectando la agenda y programas de las organizaciones, pensar en ellos y ponerlos en acción puede aportar elementos para hacer frente a este problema.

 

Fact-checking

Quizás el acercamiento más obvio es el del fact-checking, un tipo de periodismo que busca verificar la veracidad o falsedad de contenidos virales en redes sociales o de afirmaciones hechas por políticos o personas relevantes en el debate público. Aunque lo más común es que periodistas y medios de comunicación sean quienes realicen esta actividad, también es posible que organizaciones de la sociedad civil investiguen la veracidad de una afirmación y publiquen el resultado.

Este es el caso, por ejemplo, de Tech4Peace, una ONG basada en Canadá e Irak y enfocada en seguridad digital. En su página, esta organización hace chequeos sobre las afirmaciones que se hacen en redes sociales y páginas iraquíes. 

 Según Countering Disinformation, una guía para combatir la desinformación realizada por el Consorcio para el Fortalecimiento de las Elecciones y los Procesos Políticos (CEPPS, por sus siglas en inglés) y USAID, “los grupos de la sociedad civil están en una situación privilegiada para implementar programas [de fact-checking] por dos razones relacionadas entre sí: primero, pueden actuar como fuentes relativamente objetivas y no sesgadas (…) Segundo, las organizaciones de la sociedad civil tienden a tener menos restricciones, especialmente en comparación a los periodistas, tanto en métodos como en soluciones”.

Estos dos puntos se aplican en el ejemplo de Tech4Peace. Primero, si bien tienen un objetivo claro (“reducir la violencia y el terrorismo al reportar sobre páginas y perfiles de redes sociales que diseminen desinformación o propaganda que promuevan la violencia o el terrorismo”), este se puede presentar como un interés no sesgado (el propósito es detener la violencia, venga de donde venga). Segundo, la organización funciona a través de cientos de voluntarios, por lo que su estructura puede adaptarse a las necesidades de reportería.

 Sin embargo, este puede que no sea el caso de todas las organizaciones de la sociedad civil. Si una organización tiene una posición muy clara sobre un debate público sobre el que aún no hay consenso general (así cuente con los datos y las evidencias que la apoyen), sus chequeos pueden ser simplemente desechados por sus contradictores y tildados como sesgados.

En todo caso, las organizaciones pueden participar del proceso del fact-checking, por ejemplo, sirviendo como fuentes para medios de fact-checking. Si la información provista por las organizaciones está contrastada y es puesta en contexto por una fuente confiable, es más probable que sea convincente para su audiencia.

Alfabetización digital

El fact-checking tiene sus limitaciones. Siempre habrá algunas personas que no estén dispuestas a cambiar su opinión sobre un tema, sobre todo si es un tema alrededor del cual basan su identidad. También habrá personas que no confiarán en organizaciones que les digan cuál es la verdad. Por eso es importante tener otros acercamientos al problema de la desinformación.

Uno de estos acercamientos es el de la alfabetización digital: el proceso de enseñarles a los usuarios de internet cómo funciona la información y la desinformación allí y cuáles son las técnicas que pueden usar para navegar en el ecosistema y no compartir contenidos con información problemática.

Muchas de estas iniciativas son lideradas por organizaciones de la sociedad civil, en ocasiones en alianza con medios de fact-checking, o con las autoridades responsables de la educación. Este es el caso, por ejemplo, de la organización canadiense CIVIX, que en 2019 realizó el proyecto Voto Estudiantil para enseñarles a niños y adolescentes de varios colegios de Colombia a entender el internet y a identificar si una fuente digital es confiable, con el propósito de prepararlos para las desinformaciones que surgieran durante las elecciones locales de ese año. Para ese proyecto, CIVIX se alió con varias secretarías de educación de ciudades colombianas, así como con el medio de fact-checking Colombiacheck.

Este caso fue exitoso pues CIVIX es una organización que tenía credibilidad en proyectos pedagógicos (ya había realizado un programa similar en Canadá) y podía presentarse en Colombia como una entidad neutral, que no favorecía a ningún partido.

Activismo de plataformas

Es en las plataformas de redes sociales donde se esparce buena parte de la desinformación. Por eso, varias de ellas han iniciado programas que limitan o bloquean el alcance de ciertos contenidos para evitar propagar la desinformación. Pero algunas organizaciones pueden sentir que estos programas son insuficientes. 

Por medio de su trabajo, las organizaciones de la sociedad civil pueden aportar datos fundamentales a este debate para mostrar cómo, tanto la desinformación de las plataformas como un programa mal diseñado para combatir los contenidos falsos en ellas, pueden afectar negativamente a poblaciones vulnerables. Las organizaciones también pueden aportar con estudios que respalden cierto tipo de intervenciones y con presión para que las plataformas las adopten.

Sin embargo, no todas las organizaciones están en una posición para poder dedicarse a este activismo. En muchos casos, las organizaciones son financiadas por las plataformas y tienen un conflicto de intereses. En otros, las organizaciones son demasiado pequeñas y las plataformas no les prestarán mucha atención.

Algunas soluciones para esto han emergido, como coaliciones de organizaciones que se unen para tener un peso más relevante y de esta manera crear cambios. Este es el caso de Design 4 Democracy Coalition, “un mecanismo de coordinación entre grupos democráticos y de organizaciones de derechos humanos de alrededor del mundo que trabajan en la vanguardia de la tecnología y de asuntos democráticos”.

Preparación para la desinformación

Finalmente, las organizaciones de la sociedad civil también deberían estar preparadas para defenderse de un ataque coordinado de desinformación. Un ataque de estos puede causar daños reputacionales e incluso financieros, por lo que saber reaccionar a ellos es fundamental.

Según Countering Disinformation, las organizaciones deberían estar preparadas en tres frentes:

  • Sus miembros deben entrenarse en técnicas básicas de protección de datos y de seguridad informática.
  • Deben tener un plan de respuesta de emergencia a ataques informáticos: ¿quién estará encargado de la respuesta? ¿En qué ocasiones responderá la organización? ¿Cómo se hará esta respuesta?
  • Deben tener entrenamiento sobre cómo anticipar, identificar, reportar y reaccionar a la desinformación.

La ONG Interaction tiene una guía para organizaciones de la sociedad civil sobre cómo prepararse en estos frentes. Y en Linterna Verde también tenemos varios programas para ayudarles a las organizaciones a saber cómo responder a estos ataques.

La desinformación es una realidad del ecosistema de medios digitales en el que realizamos buena parte de nuestros trabajos, así que lo más sensato es combatirla y estar preparados por si toca en nuestra puerta.

Por Pablo Medina Uribe 

Esta entrada fue escrita con el apoyo de NED.

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