Vacunas, influenciadores y conejillos de indias: ¿en qué va la conversación sobre la vacuna para el Covid-19 en Colombia?

22 de octubre de 2020 

En los últimos meses ha habido un pico de publicaciones y comentarios en redes sociales sobre quién va a desarrollar y cuándo se va a distribuir la vacuna para el Covid-19. Como ya lo venimos diciendo en Linterna Verde, el debate público digital sobre el proceso de inmunización se está construyendo a partir de fragmentos incompletos y descontextualizados de información, e incluso de noticias falsas. En el último mes y medio encontramos un ejemplo bastante visible en Colombia del rol que los influenciadores pueden tener en este debate, con sus pros y contras. 

Esta es la primera de una serie de actualizaciones que en el equipo vamos a hacer sobre este tema, pues creemos importante monitorear y seguir la discusión en redes sociales para identificar fuentes de escepticismo y alertas que puedan poner en riesgo la distribución y aplicación de la vacuna cuando esté disponible. El periodo analizado es desde el 1 de septiembre hasta el 22 de octubre de 2020. 

Como NO cubrir el tema de los ensayos médicos de la vacuna 

El cubrimiento que los medios hicieron de la muerte de un voluntario que participó en las pruebas clínicas de la vacuna de Oxford y AstraZeneca, evidenció el peso de un titular en generar más o menos confianza sobre el proceso de vacunación de Covid-19. 

Como se evidencia a continuación, algunos medios titularon dejando claro que el voluntario que participaba de los ensayos no fue inyectado con el reactivo sino con un placebo. Sin embargo, el cubrimiento de otras plataformas periodísticas omitió este detalle, lo que dio la impresión de que la vacuna habría causado la muerte de la persona de 28 años en Brasil.

Este fue el titular de El Tiempo del 21 de octubre, un ejemplo de lo que no se debe hacer. Fuente: eltiempo.com

Esta aproximación generó críticas por el impacto que este tipo de decisiones editoriales pueden generar en las percepciones de potenciales pacientes como se ve a continuación:

 

Este es un ejemplo del tipo de narrativas de desconfianza que se fortalecen cuando la información sobre el procedimiento médico no se entrega de manera completa. Fuente: Twitter / @pepe_genesis07

Esta publicación es un ejemplo de la crítica que generó el estilo de cubrimiento de algunos medios. Fuente: Twitter / @AGBengoechea

El rol de los influenciadores: el caso de Inna Afinogenova 

Luego de que el presidente de Rusia Vladimir Putin anunciara en agosto que se registró la primera vacuna contra el Covid-19 en ese país, el tema por esta vacuna, llamada Sputnik V, empezó a aparecer en redes sociales. La conversación tuvo un pico en Twitter el 4 de septiembre, después de que la revista científica The Lancet afirmara que la vacuna había sido exitosa en las pruebas clínicas realizadas. A pesar de que el estudio fue para las fases I y II y contó con solo 76 participantes, la noticia generó tanto aduladores como detractores –estos últimos cuestionando el origen y la velocidad con que se produjo–. 

Inna Afinogenova, periodista rusa de RT para Latinoamérica, fue una de las influenciadoras que más amplificó el mensaje de que esta vacuna es efectiva: tres de sus tuits aparecen entre el top 10 más retuiteados en cuentas con geolocalización en Colombia. Afinogenova tiene 215 mil seguidores en su cuenta de Twitter y 434 mil suscriptores en su canal de Youtube. El 14 de agosto publicó un video en el que cuenta que participó en las pruebas clínicas y en él también se dedica a desmentir las supuestas imprecisiones y fuentes de escepticismo causadas por el anuncio del presidente de Rusia. 

Tuit de Inna Afinogenova, entre el top 10 más retuiteados en septiembre. Fuente: Twitter / @inafinogenova

A pesar de ser periodista de RT, ni en su cuenta de Twitter, ni en su canal de YouTube aparece claramente su relación con este medio. En este sentido, el contenido que publica la periodista rusa en ambas redes no se entiende como información provista por un medio oficial; sus contenidos se leen desde su posición como influenciadora.

Los videos y tuits que ha publicado Afinogenova parecen hacerle frente al escepticismo sobre la rapidez con que la vacuna rusa superó las pruebas clínicas y su supuesta efectividad. La periodista de salud Jan Hoffman afirma en un podcast del New York Times que este tipo de escepticismo tiene su origen en parte porque el desarrollo de una vacuna suele tomar muchos años. Al probar la vacuna, Inna Afinogenova es como un conejillo de indias que demuestra la seguridad de aquella. Este respaldo, desde su posición como influenciadora, puede ser efectivo; estas figuras suelen ser percibidas como confiables por las audiencias que las siguen.  

La amplificación que puede tener un influenciador al hablar sobre temas de salud —y en especial sobre algo tan contencioso como la vacuna contra el covid-19— puede llegar a ser problemático. Si el contenido que ella publica es verdadero o no termina pasando a segundo plano; no debe rendirle cuentas a nadie y no es profesional en salud. Por otro lado, queda la pregunta de cuál sería entonces una autoridad legítima en el entorno digital para hablar sobre este tema sin ser un riesgo ni para la salud (al dar consejos y compartir experiencias sin piso científico) ni para la libertad de expresión (puesto que en principio, cualquier usuario debe poder dar consejos y compartir experiencias sin riesgo de ser censurado).  

El caso de Inna Afinogenova es una ventana a algo que probablemente empecemos a ver con más frecuencia: voces no expertas intentando influir en la opinión pública sobre la vacuna, como ya ha ocurrido antes con respecto a otros temas de salud. 

En efecto, la promoción de medicamentos y dispositivos médicos en redes sociales ha sido un tema muy debatido, pues no existen regulaciones claras para esto como sí ocurre en el caso de la publicidad tradicional. En un artículo publicado por Vox se sugiere que en estas publicidades no solo se está vendiendo un producto médico sino un estilo de vida, tal y como ocurrió, por ejemplo, con Louise Roe en Estados Unidos, una presentadora con casi 700 mil seguidores en Instagram. En su cuenta promocionó un medicamento para la psoriasis, aunque su piel luzca sana en todas sus fotos. Así, “Roe también está vendiendo un estilo de vida —su estilo de vida— pero no dice nunca que el medicamento no es efectivo para todo el mundo y ciertamente no le va dar su estilo de vida”. Vemos algo similar con Afinogenova. Promociona una vacuna que aún se encuentra en estudios y la hace ver como segura. Y, aunque sea exitosa en su caso, esto evidentemente no supone que lo sea para todo el mundo. 

Sigue la carrera armamentista 

El apoyo a la vacuna rusa hecho por Afinogenova es solo una instancia de cómo la conversación ha adoptado un tinte político. Al ser periodista de RT, su audiencia es política. Ella ofrece una mirada crítica desde su posición progresista y, en esa medida, el hecho de que se ponga la vacuna se puede leer como un gesto de respaldo geopolítico.

Así, más allá de evaluar el impacto de las diferentes vacunas sopesando la evidencia, los procesos, estándares y recomendaciones de científicos y expertos, se juzga su efectividad o inefectividad según el lugar de procedencia. También los políticos, como Gustavo Petro, y los medios de comunicación contribuyen a que la discusión sobre la vacuna se lea a través de ese lente. 

Post del periódico El Tiempo entre los 25 con más interacciones en septiembre. Fuente: Facebook / El Tiempo

Además de la vacuna Sputnik V, se anunció que se empezaría el reclutamiento de voluntarios para probar la vacuna de Johnson & Johnson en Colombia. Al igual que con la vacuna rusa, que tuvo detractores justamente por tratarse de un producto ruso, la de Johnson & Johnson tuvo también su serie de críticas. Estas demostraron la desconfianza que hay con respecto a esa vacuna, luego de que se conociera que el talco para bebés producido por la compañía puede producir cáncer de ovarios. Entonces, si el talco produce cáncer, ¿qué podría producir una vacuna?   

Tuit entre el top 10 más retuiteados entre el 1 de septiembre y el 15 de octubre. Fuente: Twitter / @Fisicoimpuro

Mientras que cada una de estas dos vacunas tiene su club de fans en redes sociales, capturando la conversación, el gobierno colombiano ha estado hablando de COVAX, un acuerdo suscrito por el gobierno para adquirir dosis de alguna vacuna, inicialmente para el 10% de la población colombiana. El mecanismo es una especie de mercado de futuros: los países suscritos ofrecen financiación a algunos laboratorios o empresas productoras de vacunas y a cambio obtienen dosis de la vacuna que concluya exitosamente las pruebas clínicas.  

Los 4 tuits entre los 100 más retuiteados que mencionan la alianza alcanzaron conjuntamente 2.300 retuits —mucho menos que el tuit de Inna Afinogenova, por ejemplo—. En Facebook, sin embargo, las publicaciones al respecto alcanzaron mayor interacción que en Twitter. La publicación del Presidente alcanzó 12 mil interacciones y la de MinSalud, 11 mil. 

Aunque el gobierno anunció luego que el cupo se ampliaría al 20%, lo cierto es que el escepticismo persiste. Aunque está bien que se aumente el cupo de Colombia en el mecanismo COVAX, esto seguramente no será efectivo si la gente no quiere ser el conejillo de indias. Este escepticismo va a ser difícil de desmontar y todo indica que el gobierno aún no se ha enterado, a juzgar por los comentarios dejados en la publicación de MinSalud. 

Por Pablo Espinosa, investigador de Linterna Verde 

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